Un día diferente

Laura se encontraba como cada lunes en el mostrador del Liberbank de la calle Felipe V, vestida con su chándal oscuro, sus gafas deportivas, el pelo negro recogido en una coleta y aquel curioso pulsómetro “de los chinos” que marcaba con dos pitidos cuando necesitaba un respiro en sus matutinas carreras por el barrio. Bueno, “carreras”, ella prefería llamarlo footing, y colgar algún que otro selfie a su cuenta de Instagram; aunque normalmente cualquier objeto común se convertía para ella en un conjunto artístico digno de ser retratado en las telas de araña de las redes sociales. Quizás, y solo quizás, aquella actividad le permitía evadirse del mundo real, donde los problemas la habían ido estancando desde los pies hasta la garganta. Y ahí, entre la tráquea y el esófago, quedaban atascados los curriculum que se iban a la basura en los innumerables despachos administrativos de infinitas empresas con políticas de contratación, según el departamento de recursos humanos, eficientes.

[-La llamaremos en las próximas semanas, señorita Laura]-dijo la empresa del martes.

[-Desde luego cumple usted con nuestras expectativas, la llamaremos esta semana]-aseguró la del miércoles.

[-Ahora mismo buscamos otro perfil, gracias}-se atrevieron a admitir en la última entrevista.

Siempre lo mismo, el mismo juego. El juego de reírse de Laura, de desternillarse de los años de universidad, los gastos en academias, y el esfuerzo sobrehumano para aprobar asignaturas absurdas y odiosas como econometría. ¿Y por qué no daba el perfil? ¿Acaso no había estudiado todo lo que se le pedía? ¿No había sacado dos matrículas de honor en el último curso?

Y hoy volvía a estar ahí, simplemente esperando a que le llegase su turno, como era costumbre todas las semanas. Esperar y esperar para poder comprobar si por fin le habían ingresado la ayuda social que tanto necesitaba. Pero aquel día no tuvo que esperar demasiado a que el señor Rodríguez la atendiese, pues es increíble lo rápido que lo hacen cuando sujetas entre tus manos una Smith & Wesson del 45, y como la gente se aparta para dejarte pasar.

Entre sus sudorosas y temblorosas manos sujetaba el arma semiautomática, levantándola para encañonar la asombrada cara del cajero.

—El dinero en una bolsa, y rápido—solo necesitó decir eso para que el viejo trabajador se dirigiese corriendo hacia la cámara de seguridad, no sin antes claro, activar la alarma silenciosa.

Empezó a sacar los billetes más grandes, de doscientos y quinientos, y los fue metiendo en una bolsa de propaganda del banco, de esas reutilizables de tela. Era curioso como nunca le habían regalado una, y ahora se la iba a llevar rebosante de efectivo.

—Date prisa, ¡Vamos! —Se giró hacia una señora que lloraba arrodillada en el suelo con las manos tapándose los oídos, —y usted cállese la boca.

El trabajador metió también los tacos de billetes de diez y de veinte, y lo dejó cuando ya no entraba nada más. Solo habían pasado dos minutos, pero ya podían oírse las sirenas de fondo, bajando por la avenida paralela. Ante el efecto sonoro, Laura agarró el botín y pegó dos disparos al aire antes de salir de la sucursal bancaria. Los proyectiles perforaron el techo e hicieron estallar en mil pedazos uno de los apliques de luz. Nunca se había sentido tan segura de sí misma, aquel era su momento. Y corrió, corrió mientras los pitidos del pulsómetro la acompañaban como un metrónomo calle abajo.

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35 respuestas a “Un día diferente

  1. He pasado por aquí para agradecer que hayas comenzado a seguirme, y luego de leer varias de tus entradas no puedo más que felicitarte por la calidad de tus escritos. ¡Excelentes todos! Un muy buen manejo del lenguaje, descripciones justas y claras, logras muy bien los momentos de mayor o menor tensión, diálogos precisos, diversidad de temas, en suma, atrapas al lector desde el comienzo, etc. ¡Felicitaciones!
    ¡Un abrazo!

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    1. Agradezco enormemente tus palabras. Siempre he tenido el gusto por la escritura, pero nunca me había animado a ello… Nada más que algún que otro escrito pululando​ por libretas y notas.
      Todavía me queda muchísimo por aprender, pero sin duda que leyendo vuestras publicaciones consigo afinar mejor.
      Un fuerte abrazo Carmen, y espero que te sigan gustando los futuros relatos!

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  2. Salvo por que no se nada de economía y que no atracaría un banco (almenos de momento 😅), gracias por poner a una Laura en tus historias 😉 Ahora en serio, me ha gustado mucho, es la realidad de los universitarios de hoy… Y te tengo que felicitar, yo no soy capaz de contar una historia en tan pocas líneas, siempre me voy por las ramas. Un saludo!

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    1. Muchas gracias 😊. La dura realidad es que estudiar una carrera no nos da la garantía de conseguir un mínimo de «calidad de vida» en el futuro.
      Bueno, creo que es cuestión de práctica ir dominando la técnica del relato corto 😉

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